martes, 21 de enero de 2014

"No soy el diablo, Romera" El Polo de Tobalo cantado por Pepe Marchena

"Este es el Polo de Tobalo...
que los demás cantan el Polo
como si fuera la Caña"
 
Pepe Marchena
en sus Memorias Antologicas del Cante Flamenco de 1963




El romancero tuvo sin duda mucho que ver en la configuración del polo, 
no en vano la letra con que se suele interpretar el polo de Tobalo, 
‘Tú eres el diablo, romera,/ que me vienes a tentar’, 
no es otra cosa que un fragmento del romance del Conde Sol. 

Lo escuchamos aquí en la brillante 
versión de Pepe Marchena
Cejilla al 3 por arriba




 
No soy el diablo
no soy el diablo
no soy el diablo,
Romera 
ay que
ay que, ay que
ay que 


que soy tu mujer
que soy tu mujer 
que te viene a castigar
ay ay ay ay ay





 

 

 

El Planeta canta el polo de Tobalo en 1826


Antonio Barberán encontró hace tiempo el siguiente dato.

Cuando Manuel Bohórquez anunció que Antonio Monge era el nombre del cantaor El Planeta me alegró saber que al tal Antonio lo tenía localizado en Cádiz cantando polos varios, concretamente los de Ronda, Cádiz y Jerez. 

He aquí la noticia del polo que faltaba en su repertorio, el de Tobalo. 

He aquí a nuestro pionero flamenco haciendo ese popularísimo cante que,
 40 años después, seguramente adaptado ya al melos flamenco, se mantenía en el repertorio de Silverio o El Quiqui de Cádiz. 

Planeta lo cantó en una función particular a beneficio de las pobres del Hospital de Mugeres en el Teatro del Balón.




Fragmento final del
Romance del Conde Sol

"-Dame limosna, buen conde,
por Dios y su caridad.
 

-¡Oh que ojos de romera,
en mi vida los vi tal!
 

-Si los habrás visto, conde,
si en Sevilla estado has.
 

-¿La romera es de Sevilla?
¿Qué se cuenta por allá?
 

-Del conde Sol, mi señor,
poco bien y mucho mal.
 

Echó la mano al bolsillo,
un real de plata le da.
 

- Para tan grande señor
poca limosna es un real.
 

- Pues pida la romerica,
que no te pido tendrá.
 

- Yo pido es anillo de oro
que en tu dedo chico está.
 

Abrióse de arriba abajo
el hábito de sayal.
 

-¿No no me conoces, 
buen conde?   
Mira si conocerás
el brial de seda verde
que me diste al desposar.
 

Al mirarla en aquel traje,
cayóse el conde hacía atrás;
ni con agua ni con vino
no le pueden recordar,
si no es con palabras dulces
que la romera le da. 


La novia bajó llorando
al ver al conde mortal,
y abrazado a la romera
se lo ha venido a encontrar.
 

- Malas mañas sacas, conde,
no las podrás olvidar,
que en viendo un nueva moza,
luego la vas a abrazar.
Malhaya la romerica
que te trajo por acá.
 

- No la maldiga ninguno
que es mi mujer natural,
con ella vuelvo a mi tierra;
adiós, señores, quedad;
que los amores primeros
son muy malos de olvidar.
 

- Quédese con Dios la novia,
vestidica y sin casar,
que quien de lo ajeno viste
desnudo suele quedar. 










ole

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